El arte normalmente ha tenido siempre el mismo problema: demasiado cómodo para incomodar y demasiado cobarde para admitirlo.
El grupo Guerrilla Girls lo entendió hace décadas y lo dijo sin rodeos: “Do women have to be naked to get into a museum?” (¿Tienen las mujeres que estar desnudas para estar en un museo?)
Pegaban carteles de madrugada en museos, denunciaban estadísticas que nadie quería mirar y señalaban con ironía feroz todo lo que el sistema intentaba esconder.
Su firma era inconfundible: actuaban en anonimato absoluto, usando caretas de gorila para que importara el mensaje y no la identidad. Ese anonimato les permitió golpear directo al corazón de una industria que presume de vanguardia mientras sigue construida sobre desigualdad, silencios y filtros que siempre se aplican sobre los mismos cuerpos.
El arte sin conflicto es decoración.
La revuelta sin imaginación, burocracia.
(El modelo de las fotos de estudio mide 1,87 y lleva una talla L)